Más secretos de Manzanares El Real

Sorpresas y nuevos hallazgos a cada paso

El nuestro es un municipio enorme, complejo, lleno de incógnitas y misterios que, poco a poco, vamos descubriendo y sacando a la luz, donde cada recodo y cada esquina están a la espera para enseñarte algo nuevo.

En este espacio podrás descubrir aquellas cosas que no están en los libros, lo que nadie te contó sobre Manzanares El Real

La historia de Manzanares El Real es tan larga e importante que sus sorpresas nunca cesan: nuevas excavaciones arqueológicas, nuevos hallazgos documentales, topónimos ancestrales, o tradiciones y nombres etnográficos que se pierden en la memoria de los tiempos son, por ejemplo, algunas de las herencias que nos llenan de admiración.

Parte de esta historia nunca estudiada está saliendo a la luz ahora, y otra parte siempre la hemos tenido delante pero nunca hemos reparado en ella: ¿Por qué el nombre de esta calle? ¿Qué son los restos de ese parque? ¿Qué artista vivió en esta casa? ¿Por qué se llama así esa roca?

Todo es curiosidad y asombro en nuestro municipio, y mires donde mires descubrirás que hay mucho más de lo que pensabas en Manzanares El Real.

Descubriendo los secretos

¿Quieres saber más? Sorpréndete a cada paso con nuevas historias que no creías que pudieran existir, porque la realidad supera la ficción...

Nicolás Luna Álvarez, "Colás", nació el 29 de junio de 1938 en la corrala de la calle Espíritu Santo número 20 de Madrid, aunque su familia materna (Álvarez Leiro) era de Manzanares El Real "de toda la vida". Su padre (familia Luna Gallegos "de Madrid de toda la vida") fue el primer conductor de la línea regular de autobuses Manzanares El Real-Madrid, fundada en 1936. Aquí se conocieron sus padres, se casaron y se fueron a vivir a Madrid, donde nació Colás, aunque a los pocos meses se vinieron a vivir al pueblo para que su padre pudiera salir con el autobús a primera hora de la mañana.

Cuando Colás tenía 8 años, sus padres compraron tres casas que unieron e hicieron la taberna "Casa Colás (1946), que después reformaron para ser bar-restaurante. Siendo mayor de edad Colás estudió Ingeniería Aeronáutica en Madrid, y cuando venía de estudiar todos los días (con su padre en el autobús) ayudaba en el bar, sobre todo los fines de semana cuando había más clientela.

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Por aquellas fechas ya había llegado alguna película a Manzanares El Real, Colás trabajaba de "extra" en alguna como los demás habitantes del pueblo y el bar también llevaba bocadillos y comida a los rodajes. A pesar de que Colás aprobó las oposiciones a bombero en el aeropuerto de Madrid, no aceptó el puesto para poder ayudar en el bar. Además, en 1963 falleció su padre y él tuvo que hacerse cargo del negocio y de los demás asuntos familiares. Su padre tenía gran cantidad de amigos, entre ellos productores de cine, que vinieron a buscar a Colás para que les ayudase en la película La Caída del Imperio Romano. A partir de ese momento se convirtió en "el hombre del cine en Manzanares", como se le conocía en el mundo cinematográfico.

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El bar restaurante se convirtió en un lugar se referencia, en un icono del pueblo: los días de diario se llenaba de obreros a la hora de comer, y los fines de semana se convertía en el lugar de referencia de los veraneantes. Aquí también se repartían los billetes de los autobuses (gratuitamente, claro). De hecho, un día de San Pedro y San Pablo de los años 1970 se despacharon billetes para 29 autobuses. En los primeros años de la taberna, la familia arregló un sobrante de vías pecuarias, al lado del bar, y lo convirtió en una agradable terraza de verano que recibió un premio de la Sección Femenina. Esta terraza se convertía en el lugar ideal en las noches veraniegas donde, muchas veces, los dueños dejaban botellas, vasos y hielos para que los clientes se sirvieran libremente hasta altas horas de la madrugada, mientras ellos se iban a descansar. En 1989, a Colás le diagnostican una enfermedad genética e incurable y tuvo que dejar el bar, que fue alquilado a varias personas hasta que en 2004 se vendió y el comprador lo tiró para edificar viviendas.

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"El Cine" fue siempre la pasión de Colás. Desde que comenzó con puestos de responsabilidad en 1963 no paró hasta que su cuerpo ya no pudo más. Todo el mundo que quería grabar en Manzanares El Real recurría él: productores, directores y decoradores le presentaban sus proyectos, qué lugares necesitaban, qué escenas tenían que rodarse, qué paisajes necesitaban. Colás lo dejaba todo y se iba con ellos a buscar esos lugares y rincones mágicos que les hicieran sentir que aquí estaba su lugar de rodaje; apenas necesitaba un día para convencerles de que aquí tenían todo lo que necesitaban. Y Colás se encargaba de prepararles todo para que solo tuvieran que poner las cámaras y empezar a rodar: se encargaba de pedir los permisos al Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, hablaba con los dueños de las fincas privadas elegidas para el rodaje, gestionaba los alquileres, gestionaba el alquiler a pagar por día de rodaje o por la utilización de fincas públicas con el Ayuntamiento, se encargaba de la contratación (constructores, albañiles, electricistas, fontaneros, auxiliares de cocina, guardeses, pintores, almacenes de materiales). Y, cómo no, los extras. El bar se llenaba de personas que venían a apuntarse para el cine, porque se ganaba en una semana más que en dos meses de trabajo. Colás siempre escogía a las personas más desfavorecidas, aquellas que tenían muchos hijos, aquellos que pasaban apuros; siempre trataba de que todo el mundo tuviera hueco y que ganase un dinerillo para poder salir adelante. Los sueldos variaban conforme a lo que los extras podían ofrecer: en La Caída del Imperio Romano, por ejemplo, cobraban 50 pesetas por día, y 100 pesetas si montaban a caballo. Los niños trabajaban como aguadores llevando los botijos de agua, las mujeres se encargaban de llevar, a lomos de burros, los colchones de las camas de sus casas para que se usasen como colchonetas para las caídas de las escenas de lucha, colchones que por la noche debían bajar de nuevo a sus casas.

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Con los años se cobraba mucho más en los rodajes y el cine se convirtió en una inyección económica importante para el pueblo, semanas y meses de actividad desorbitada donde todo el mundo salía ganando.

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El bar también se convertía en el comedor de todos: había que hacer varios turnos de comida, porque aun teniendo dos comedores no era suficiente. En ocasiones, uno de los comedores se transformaba en vestuarios y maquillaje, y por allí pasaban productores y todo tipo de actores de primera línea, tanto españoles como extranjeros, los mejores decoradores del mundo como Gil Parrondo, con tres Oscars, que llamaba cada día a Estados Unidos desde el teléfono del bar, los mejores efectos especiales como Reyes Abades, los mejores iluminadores, scripts, maquilladores, peluqueros, encargados de vestuario. La relación entre todos era muy estrecha y familiar, como pasó con Sancho Gracia mientras se rodaba Curro Jiménez: estaba en el bar como si fuera su propia casa, pasaba a la cocina para ver cómo se estaban cocinando las judías de fabada o se metía en la barra a despachar cerveza. Lo mismo pasaba con el actor Álvaro de Luna o con el productor italiano Sergio Cottona y su encargada de vestuario, Elga.

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Colás se esforzaba para que las productoras cinematográficas se quedaran en Manzanares El Real, porque era bueno para el pueblo y, sobre todo, para sus habitantes. De hecho, intentó que se construyesen unos estudios para que estos ingresos ocasionales se convirtieran en más estables, para que las familias pudieran vivir de ello, pero las trabas burocráticas no lo hicieron posible.

(Recuerdos de María Luisa López y Pilar Luna, esposa e hija de Colás)

Si quieres saber más sobre la producción cinematográfica en Manzanares El Real, visita nuestra sección

Actividades en Manzanares El Real

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